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Eduquen, eduquemos, porque es fácil hablar de desaparecidos y que las nuevas generaciones saquen sus propias conclusiones.
Por algo será? Claro que si! No me digan que Alejandro era un simple estudiante inocente de todo. No me digan que Eduardo era un simple médico inocente de todo. Eran culpables; culpables de pensar, de querer cambiar las cosas, culpables de preocuparse y ocuparse, totalmente culpables. Y eso los convierte en grandes personas. Eduquemos a los que vienen que no son simples desaparecidos sino porqué desaparecieron. Eso es la memoria y la historia; eso es la verdadera justicia por lo que ya no están.
estampó Celeste Sánchez Goldar @ 11:35 p. m.
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